‘El monte gallego, seña de identidad y de riqueza’, artículo de opinión de Elier Ojea, presidente de Confemadera Galicia

Históricamente, el monte ha contribuido de manera activa al desarrollo de la sociedad gallega. Como banco de ahorros para las familias durante muchos años, pero también proporcionando espacios naturales de valor medioambiental incalculable, dinamizando el rural con actividades productivas y apoyando otros sectores industriales con innovaciones eficaces, como las cajas de madera para los sectores de la pesca, el vino, las bateas o el mobiliario para el sector del retail.

Sin embargo, hemos dado la espalda al monte gallego y hemos perdido el orgullo que existía de que quien tenía un monte tenía un tesoro medioambiental y económico. Admiramos la gestión que hacen otras potencias forestales como Francia, AustriaFinlandia, Suecia, Alemania o Rusia. Ellos han adoptado medidas para convertir los bosques en una riqueza económica. Cuentan con una estructura de la propiedad organizada, han dado mayor protagonismo a los propietarios en las decisiones clave, incentivaron la producción forestal y apostaron por consumir productos de madera procedentes de sus bosques para cerrar todo el ciclo.

Pero hay dos elementos esenciales que convierten a esos países en potencias forestales, el orgullo y el compromiso que tienen sus respectivas sociedades y sus gobiernos con el medio rural y la protección de sus bosques.

Eso aquí sería imposible, sostienen algunos para cerrar el debate. Y así se explica nuestra tozuda realidad. Contamos con más 600.000 hectáreas improductivas y la lacra de los incendios calcina todos los veranos buena parte de nuestra riqueza forestal, además de detraer más de 170 millones de euros del plan de incendios, que se podrían invertir en un monte productivo.

Ningún partido político ha sido capaz de desplegar una política forestal que, de nuevo, mire al monte con orgullo. Que proponga instrumentos de gestión adaptados a la realidad, con vocación de convertir el monte gallego no solo en una seña de identidad sino también en un elemento de la marca país, generador de riqueza.
Hasta el momento, se ha insistido en propuestas agotadas y se ha recurrido al oportunismo para debilitar a los rivales políticos, pero no se ha abordado una política forestal ambiciosa y de futuro.

Confemadera Galicia defiende que es necesario un revulsivo para el sector y todos los agentes (propietarios, ecologistas, industrias, universidades, centros tecnológicos, distritos forestales y administración) deben participar en ese impulso, pero también todos los partidos políticos. El monte necesita de un consenso para implantar políticas a medio y largo plazo. Pensemos que, como mínimo, los turnos de corta para los árboles en Galicia son 12 años. Ese debe ser el horizonte mínimo.

Confemadera Galicia considera que el nuevo Plan Forestal puede ser una gran oportunidad, siempre y cuando se logre una participación activa de los agentes mencionados, el consenso político necesario para desplegar el plan y los recursos económicos suficientes para su implantación. Es necesario abordar la diversificación de especies, sin veto a ninguna de ellas, y la implicación de los propietarios forestales, para que sean protagonistas del cambio hacia un modelo forestal sostenible.

Pero consideramos que es igualmente esencial la puesta en valor del monte creando una nueva cultura en la sociedad, para que la selvicultura sea percibida como una actividad que contribuye a generar riqueza, transfiere orgullo a las comunidades del ámbito rural y aporta beneficios medioambientales a todos los gallegos. En definitiva, un monte que vuelva a ser la seña de identidad de Galicia. En palabas de Castelao, “vale mais unha terra con árbores nos montes ca un Estado con ouro nos bancos”.

Leer artículo de opinión publicado en El Correo Gallego